MUNDO DESPUÉS. Sandra Val

Partiendo de un interrogatorio sobre la percepción de la realidad y su representación, Sandra Val utiliza una mezcla de elementos que lanzan nuevos sentidos y sensaciones a sus ya reconocibles módulos hallados. A través de diversas fuentes, crea arquitecturas multidimensionales, cosmogonías donde los fragmentos del entorno interactúan y se yuxtaponen continuamente. Un proceso que se inicia con la recolección de aquellas piezas que han sido abandonadas y despojadas de su historia, para después generar universos ficticios dominados por el accidente y el azar. Estos elementos, asociados a otro medio, entran en una relación dinámica con la artista, abriendo dimensiones desde las cuales se perciben y profundizan estas nuevas conexiones con el tiempo, los recuerdos y los sentidos.

El espectador no solo observa, sino que al reconocer formas entabla una relación con ellas. Ve los cuerpos en un nuevo escenario y la forma en la que pueden influirse unos a otros, siendo esto clave para desvelar su misterio. A menudo estos elementos están asociados con una relación temporal que es única, luego siguen su camino mientras se encuentran mas o menos al azar, evocando el principio de "sincronicidad" mencionado por C.G Jung. Es decir, estos fragmentos reensamblados permiten establecer una multiplicidad de relaciones específicas que ofrecen encuentros inesperados y entablan un diálogo con nuestra imaginación. La forma de ordenar los diferentes módulos procede tanto de la reflexión como de la intuición, por lo que no es tanto como una creadora del tipo demiurgo, sino que su visión procede de fuentes literarias, sensaciones, encuentros, y deja que todo suceda. Sandra Val explora el espacio de la creación como si fuera un “caldero” en el que cosas con múltiples especificidades se transforman lentamente en una escenografía utópica. Se vale para ello de un universo simbólico procedente de arquitecturas relacionadas con lo espiritual, del templo como una manera de reflexionar sobre la forma en que el individuo se relaciona con su entorno. Y así nace un lenguaje que va mas allá de la mente y su análisis razonado, que convoca las esferas física, emocional y espiritual.

Al reescribir estos elementos en clave utópica, alcanzan una nueva geografía mediante la desterritorialización y descentralización de lo conocido en beneficio de un nuevo anclaje sensible. Por otro lado, ya en el proceso de recolección de estos objetos establece una relación directa con lo humano y las peculiaridades de los territorios explorados. Sus obras nos conectan profundamente con nuestra historia y nuestro hábitat, pero lo hacen desde lo imaginario, desde las otras tantas posibles dimensiones de nuestro universo. `Mundo después´ se presenta como el origen de una respuesta utópica a la pregunta de qué huella dejaría esta era de destrucción llevada a cabo de forma inédita por nuestra especie. Se trata de pensar en los restos de un mundo que ya hemos agotado y rediseñarlo con sus propios detritus, con un lenguaje suave y armónico que dentro de este contexto, defenderá la estética como un poder radical.

 

Óscar Manrique